He mencionado ya varias veces (me parece) el “ruido” cuya intensidad quiero disminuir. Se podría argumentar que ese es parte de la vida y que no tiene caso ignorarlo. En mi caso, al buscar plantear una postura (artística) crítica y auténtica, y como invitación a compañeras y compañeros artistas, veo necesario separarse del tren o flujo habitual para poderlo observar desde afuera. Tal vez alguien sea capaz de seguir adentro y desde dentro resistir; pero en estos tiempos de reflexión he visto que ese ruido en mi caso forma parte de mis decisiones y posturas incluso hacia él mismo.

Hablo desde referencias de qué es lo que está haciendo quién, qué es lo que llama la atención, cuáles son los eventos “cool” a los que las personas “cool” asisten, cuáles son los temas de moda y cómo son abordados, cuáles son las formas de comunicar (¿y vender?) el trabajo propio, dónde se presentan dichos trabajos, cuáles son las becas o premios otorgados y a quién, etc. (esto en los diferentes círculos a los que podría pertenecer lo que hacemos). No veo inherentemente mal tener esas referencias, al contrario pues puede ser necesario estar “en contexto”. Lo que personalmente he observado es que, debido a nuestro ambiente basado en redes sociales digitales, todo eso se ha vuelto o puede volver una influencia que modifica (¿tuerce?) sustancialmente el rumbo que uno toma o quiere tomar, haciéndonos invertir energía en algo que no deseábamos, o incluso haciéndonos sentir mal por no estar siguiendo cierto “trend”.

Veo necesario detenerse y decir “No, eso no es lo que quiero. Mi trabajo es valioso por la forma en la que me involucro a partir de mi punto de vista. No necesitamos una aprobación externa, y menos tenemos que trabajar para obtener dicha aprobación externa. Quiero encontrar qué es lo que realmente quiero hacer y decir, a mi manera”.

Todo esto puede sonar solipsista (apenas recordé que esa palabra existe) e ingenuo: ¿al desconectarse cómo es que alguien podrá enterarse siquiera de que el trabajo existe? Por un lado pienso que no se trata de desconectarse del todo (finalmente aquí estoy escribiendo, y este blog es en cierta medida compartido (?)). Por otro veo que sí es una medida necesaria, al menos en mi caso, para sentir que estoy encontrando o siguiendo un rumbo por el que estoy convencido. Ya distintos tipos de estándares y “varas” con las cuales compararse me han hecho sentir insatisfecho con lo que hacemos, y hasta cierto punto toda esta búsqueda tiene que ver con auto-observarse y decir “oye, pero esto que desarrollamos está interesante aunque ellos no lo consideren así (e interesantemente (?) siempre hay personas externas que sí lo consideran interesante), no tengo por qué ser infeliz queriendo encajar de manera forzada”.

Muchas veces he dicho que me frustra ver voces con gran potencial de autenticidad y de propuesta, que son desperdiciadas porque tienen muy metida cierta aspiración o forma de hacer las cosas, y no son dirigidas a ver su valor propio. Digamos que se encuentran en cierta versión de cueva de Platón, en la que todos sus estímulos y alrededores les dicen que lo mejor en la vida es quedarse en dicha cueva (o escalar a su techo, pues (?)), y aunque tengan el talento o capacidades para ser los mejores en una cueva más externa (¿al final las cuevas están en niveles sucesivos? (¿quiénes ya vieron la luz real?)), o para crear su cueva propia, se quedan ahí. Se puede decir, “bueno, disfrutan lo que están haciendo y están convencidos de están donde pertenecen” – yo me pregunto qué tanto esa convicción está libre de sesgos, qué tanto es auténtica y la más poderosa que pudieran tener.

Algo así me pasó en la danza (¿en varios niveles sucesivos de cuevas?), y tal vez una situación similar es en la que estoy ahora en un contexto “más amplio”. Independientemente de mi caso, he observado y observo otros en los que el fenónemo se repite. O no hay conocimiento de las cuevas externas, o hay una versión interna distorsionada de aquellas que no invita a seguirlas; además también es demasiado cálido en el interior como para quererse aventurar afuera (o simplemente “no es práctico”). Si al final están felices supongo que está bien (?), pero me pregunto cómo lograr que tanto las cabecillas de dichas cuevas, como sus habitantes, nos demos la oportunidad de buscar por fuera y con fortuna encontrarnos como individuos y voces creativas.

Decido alejarme del ruido para poderme adentrar al “ruido” de mis propios deseos, pasiones, aspiraciones. Ruido entre comillas o no, porque al final si lo es o no depende de cuál es la señal deseada – tal vez todo esto que estoy diciendo y haciendo sea “ruido” para alguien más que busca su autenticidad independientemente de lo que yo quiero plantear y compartir. Abro mi proceso de búsqueda, en parte para ayudarme a enfocarlo (¿paradójico?), y en parte porque probablemente más personas estemos en la misma situación.

Con esto de “la adultez” he dicho que es muy curioso cómo al final, nadie sabe nada, o no hay expertos en realidad. Tal vez hay especialistas en extremo de cierto aspecto, pero nadie es experto total. Por ejemplo, el grupo docente de ITP permite ver muy bien eso, una profesora sabe y hace mucho de cierta disciplina que un profesor no, y pasa lo mismo viceversa. O incluso yo, Sejo, identifico que sé o entiendo mejor algún grupo de conocimiento que la mayoría de ellos, pero también veo cómo hay cuestiones (y experiencia) de las que yo apenas puedo tener idea. De alguna forma, la ventaja o desventaja de que no haya manual de cómo vivir, es que hace que todas las personas lo estemos tratando de descifrar, apoyándonos en distintos niveles de las convenciones preexistentes.

A lo que voy es que puedo ver cómo muchos vivimos en incertidumbre, más si estamos en caminos no tan conocidos, o si tendemos a preguntarnos bastante (el fuego de las preguntas termina incendiando todo). Y culturalmente vemos necesario el omitir esa incertidumbre: se premia a quien se presente más segura o seguro; no es válido dudar (y menos si ya se es “adulto”). ¿Qué pasa o pasaría si nos dejamos compartir nuestros procesos de auto-encuentro, de remoción de ruido: qué tanto en común encontraríamos y qué tanto nos podríamos ayudar mutuamente?