Semana 50 – Agosto 7 a Agosto 13

Haz click aquí para ver el texto de Mel, y aquí para ver el texto de Sejo.


¿Mitades?
Sejo

 

50 como la mitad de 100, número que pega fuerte en nuestras mentes debido a nuestro uso del sistema decimal. Como bien sabemos o podemos saber, esa es una convención como cualquier otra. Si viviéramos inmersos en otro sistema numérico, ese sería el que nos parecería habitual, el que tendría las “milestones” cada vez que agrega un digito más. En algunas clases que he dado he dicho que de hecho hubiera sido más fácil aprender aritmética con el sistema binario, solo hay dos dígitos y por lo tanto solo cuatro posibles sumas de uno y otro dígitos, y solo cuatro posibles multiplicaciones de uno y otro dígitos. Con eso construyes igual. Hay ventajas en usar un sistema con más símbolos, por ejemplo aprovechar el espacio. Es de alguna forma paradójico que debido al sistema educativo, sea difícil aprender a usar el sistema binario cuando es de hecho más sencillo que el que usamos. Pero bueno, estamos hablando apenas de la mitad de 100. No es un número tan interesante en binario (¿el que no sea interesante lo hace interesante?). Pero bueno, en base 50 estaríamos en el post 10, hablando sobre sí mismo.

Me encuentro disfrutando escribir. Han habido noches de insomnio, a veces hemos alterado un poco los ritmos de sueño, y curiosamente las ideas van fluyendo. A veces poco a poco, a veces en torrente y todavía no retomo la práctica de tomar nota. Estos días he escrito un poco menos de texto en español, por estar escribiendo más bien de texto en código, programas, para el próximo-a-lanzarse journal de ITP, Adjacent. Como sea, hace rato escribí las mil palabras “del día”, y ahora con gusto escribo estas otras “de la semana” (¿pasada? relativamente pues ya es viernes). Dedicarse a leer y a escribir, con la reflexión, cuestionamiento y procesamiento intermedios o correspondientes, no suena a mala idea.

Ya no conté que leí y terminé I am a Strange Loop de D. Hofstadter, también ya leí A field guide to getting lost de Rebecca Solnit y ahora disfruto mucho leer de ella misma Wanderlust. En paralelo leo el libro que viene de 1967 con un olor característico de libro viejo, Computation: Finite and Infinite Machines de Marvin Minksy. Sacamos más libros que llegaron de la Brooklyn Public Library*, yo pedí The History of White People de Nell Irvin Painter, y tuve oportunidad de leer la introducción de uno de los que pidió Mel, Bitch Doctrine de Laurie Penny (y ya lo quiero leer también).

* La BPL tiene varias “branches”, bibliotecas más pequeñas repartidas en el borough de Brooklyn. Su sistema electrónico permite buscar libros o películas, que si no están en la “branch” que deseas (la más conveniente o cercana, probablemente), los puedes pedir para que lleguen ahí en un par de días. Genial porque además es gratis (o bueno, lo paga el gobierno). Como hay demanda de los libros como los que sacamos, los puedes tener durante tres semanas antes de devolverlos porque ya hay “fila” de personas esperando (se puede renovar si no hay fila). Contrasta con la biblioteca de NYU, de donde saqué el libro de Minsky y otros sobre danza, donde hemos tenido libros por varios meses.

Hemos tenido un par de oportunidades para rodar (andar en bici) en Prospect Park, que tiene un circuito de poco más de 5km con subidas y bajadas. Es muy curioso y muy diferente “volver a rodar” “como debería ser”: sin tener que irse frenando a cada momento o sin preocupaciones de seguridad por los autos. Por lo tanto, en general a una velocidad mayor y con una sensación distinta. (La velocidad disminuye en las subidas, están buenas – antes solo había tenido oportunidad de correrlas en un entrenamiento antes del medio maratón, y en la misma carrera). Y no es que el “como es” el rodar en la ciudad esté mal, también se disfruta de otra manera. A fin de cuentas me encanta que el llegar a un lugar dependa de la propia energía (¿sí es propia? ¿o es compartida más bien? ¿pero no tanto?), ya sea en bici o caminando. Además el sistema del metro se encuentra en alguna clase de decadencia.

He pensado por un lado en la forma en la que Mel y yo nos hemos unido todavía más, consolidando la relación a ya casi un año de vivir juntos y de alguna manera aislados (tal vez el impacto no sea tan fuerte (o brusco (?)) viviendo solos pero dentro del contexto conocido, no sé). Por otro lado, en cómo nos hemos ido “radicalizando”, con una actitud más “incendiaria” hacia lo que vale la pena cambiar por una alternativa mejor. Menciono esto a partir de la “decadencia” del metro de la que hablo: al estar aquí, en esta ciudad “capital del mundo (occidental)” para algunos, vemos que las cosas están bien, muy bien o mucho mejor que lo que conocíamos en México. Pero de todas formas podemos ver que todavía hay mucho que recorrer (ejemplo claro todo lo que ha salido todavía más a la luz con el nuevo presidente: problemas de racismo, sexismo, xenofobia), o que también hay toda una serie de problemas relacionados con el estilo de vida (de inicio la cantidad de basura (hay todo un sistema para manejarla, pero la cantidad de desechables es impresionante), pero también cuestiones como la de que “innovar” se entienda como “hacer un app que te haga la vida todavía más cómoda (posiblemente oprimiendo negocios locales en el nombre del libre mercado y competencia)” y “explotar la información de los usuarios para ganar dinero con ella”, o en general los lujos que las personas se pueden dar aquí que muy pocas personas en el mundo podríamos pagar (empezando por el precio de la vivienda)). Por un lado la situación aquí deja ver rayos de esperanza y cuestiones que se pueden alcanzar en otros lugares como nuestro país, por otro lado (ya cuántas veces usé esa construcción de enunciado jaja) deja ver que hay mucho por hacer y que hay problemas fundamentales, en lo más profundo de nuestra cultura, que hay que atacar. Eso, casi por definición, deja atrás las “buenas costumbres” y la “decencia” y por lo tanto da paso a lo “radical”.


Algo está mal: Identidades
Mel

 

Algo está mal cuando hablas con un hombre de un libro que escribió una mujer y que al estar de acuerdo con su opinión lo único que agregas es: “Sí, ella es muy inteligente”. Y en cuanto salen esas palabras de tu boca, tu mente frena la sensación del tiempo para que te percates que es la primera vez que has externado eso de una mujer con un hombre. Por lo que lo sientes como toda una revolución, hasta con un escalofrío en tu cuerpo. No solo por ser probablemente la primera vez que lo dices y lo crees muy segura, sino también porque por primera vez estás lista para defender con todo ese juicio, ya que muy adentro tienes el presentimiento de que al decírselo lo refutará o minimizará de alguna forma… (muy probablemente, no pretendo generalizar)
La batalla no tuvo lugar.
A mi subconsciente se le olvidó que platicaba con Sejo y que “obviamente” contestó que era cierto. Te amo.

Sigamos.

 

Después de lo anterior, las últimadas entradas a este blog y de algunas conversaciones privadas con nuestr@s lectores recurrentes, se pueden dar cuenta que nuestras últimas experiencias han sido más intelectuales. Cambios y/o ajustes puntuales en nuestras cosmovisiones, en nuestros sentidos de vida, en nuestras creencias, en nuestros valores, y en nuestras convicciones. Y sobre todo en las acciones para hacerlas saber y defenderlas.

Últimamente en los medios, en la publicidad y en redes sociales ha llegado, por fin, la lucha del feminismo, poniendo el reflector sobre la violencia de género, las desigualdades de género, el paternalismo, entre otros temas relacionados. El uso de la visualización del reflector es porque está saliendo de la oscuridad donde parece que se quieren mantener esos temas, no porque sean temas estelares. El feminismo es una lucha con la que me identifico mucho y fácilmente al ser mujer y latina, además de sentirme cada vez más empática con tod@s l@s seres human@s. He tenido variadas experiencias tanto de niña como de adulta en las que he vivido esa violencia y esa desigualdad, las cuales no necesitaron ser catastróficas para identificar que algo estaba mal sin importar mi edad. La diferencia ahora es que sé que las cosas que me enseñaron y absorbí en mi contexto no significan que así deban ser, ni que por ese mismo hecho están bien; además de saber por qué están mal, que se pueden cambiar y tener la valentía de alzar la voz (otro por fin).

El otro día leía este artículo: http://www.teenvogue.com/story/women-angry-anger-laurie-penny y ¡puff! de pronto pude entender la razón por la que mi familia me ha hecho la fama entre ell@s de ser una persona fuerte y que tiene mal humor (por mencionar solo las cualidades que son relevantes para este texto). Ahora entiendo que me ven fuerte porque disque no reaccionaba impulsivamente ante cosas que me hacían enojar, manteniendo el comportamiento lo más prudente posible, aunque obvio sí lo hacía porque me ponía de ‘mal humor’. ¿Y cómo no? Si a lo largo de mi vida, más la segunda mitad que la primera, notaba cosas desiguales ‘simplemente’ por género: desde quién cocina, quién lava, quién nos cuidaba, quién deja de trabajar para eso, qué juguetes me daban, quién tiene más credibilidad, a quién se le tiene que servir, quién maneja el auto y el dinero, el tipo de humor y chistes, quién ve el fútbol, quién puede llegar tarde, a quién le dan condones, quién tiene que tener el cuerpo perfecto, quién puede sentarse con las piernas abiertas, quién tiene la útima palabra, etc. Todo eso me hacía ruido, me hacía/hace enojar, porque yo no quería/quiero eso para mí. Lo más curioso es que algunas de esas ideas feministas no surgieron de mi o de alguien extrañ@. Ni tampoco de la escuela ni de la iglesia, ya que en mi experiencia son instituciones que refuerzan esos roles ‘tradicionales’. Las ideas vinieron de adentro. La espinita fue surgiendo por “consejos” que me llegaron a dar mis abuelas y mi mamá. El consejo más recurrente fue “nunca dejes de trabajar por tener hij@s y ten tu propio dinero -no dependas de nadie-.” ¿Y eso qué mensaje carga detrás? “Ya es tarde para nosotras, pero tú no te dejes”. A pesar de ese consejo, hay mucha dualidad con algunas otras de sus acciones y pensamientos, por lo que la espinita que surgía en mi, se daba cuenta, crecía y se reforzaba. Así que desde niña me hizo mucho sentido luchar contra eso, aunque obvio yo teniendo mis dualidades inconscientes también.

Ahorita estando lejos, me estoy cuestionando qué tanto de mis gustos ‘no tradicionales’ de acuerdo al género que se me asigna por tener vagina han sido una forma de rebelión torcida contra el sistema paternalista y de la lucha por el cariño y la pertenencia con los hombres de la familia, también amigos o posibles parejas. Digo torcida porque recuerdo tener pensamientos de querer ser “más como los hombres”, como si esa fuera la solución o la salida. Ser ruda (?), ser deportista, gustarme los coches, aprender a entender y hasta reirme de los albures, ver Dragon Ball, jugar Zelda y otros videojuegos, gustarme el fútbol y entender el fuera de lugar, preferir el fútbol americano, manejar rápido, cafremente(?) y con velocidades -¡no automático!-, poder cargar cosas pesadas, no querer aprender a cocinar, no estar siempre perfectamente ‘arreglada’, no querer casarme -y menos por la iglesia para decir esos votos hiper sexistas (sin ofender a quien los ha hecho y los desea)- … En fin. Tomé cosas vistas como ‘masculinas’ y me opuse a algunas cosas que fueran vistas ‘femeninas’.

Esto del género es un tema muy complejo e implica desaprender demasiadas cosas. Asimismo hay que estar dispuest@s a desapegarnos de nuestras identidades. En mi esfera personal me encuentro en esa búsqueda. A lo que quiero llegar con esta entrada es expresar un poco de dónde vienen estos cuestionamientos (aceptando que tengo el privilegio de podérmelos hacer). Que no es que me haya convertido en “feminista” porque parece estar de moda; más bien Melissa es así, más de la mitad de mi vida he pensado así, yo soy así, siempre he querido buscar una igualdad real entre mujeres y hombres. Y que si ahorita a mis casi 28 años apenas empiezo a alzar la voz es por unir los puntos, por tener la capacidad intelectual y el espacio para re-pensarlo y analizarlo, es llegar a un estado de “iluminación” en la que ya no hay vuelta atrás. En la que la valentía, mi fuerza realmente, es la opción. En la que el cambio es la opción. En la que ser radicales, porque a medias nada se logra, es la opción. Son las únicas opciones en la que nos encontramos muchas “seres humanAs” no solo en este momento, sino desde hace más de un siglo…

 

¿Y en dónde es esto posible? … En Nueva York ¡dónde más!

 

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3 Comentarios

  1. Wow Sejo!
    Wooow Mel!!!
    Autenticidad. Idealismo. Generosidad.

  2. PD. La parte de “prometo serte fiel, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida”, es recíproca y no me parece que tenga algún defecto de género.
    No así la epístola que se dice en el matrimonio civil ;)

    • ¡Gracias por tus comentarios JMVB!
      En efecto esa parte que mencionas es recíproca y no tiene defectos de género. Recuerdo otras partes que si tienen defectos. Y como bien mencionas la epístola en el matrimonio civil lo es completamente; aunque ya no es obligatoria decirla y por eso no lo mencioné… pero es verdad, va de los dos lados ;)

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