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Redes / +-
Mel

Nos hemos tomado esto de la privacidad, el uso que se le da a nuestra información y la reflexión de cómo pasamos nuestro tiempo muy enserio. Hemos tomado medidas como: borrar nuestras cuentas de sitios web, salirnos de todas las redes sociales (sí, hasta las de Escenaconsejo), estamos en proceso de dejar de usar productos de google o software que no sea libre, y usamos ad trackers para que se bloqueen. Hasta dentro de los planes está instalar Gnu Linux en mi compu… algún día no tan lejano estaré como Sejo manejando todo desde la “terminal” y todas esas cosas “hacker”(?) jajaja (¿me estoy juntando mucho con él? jiji ;p)

Las razones para tomar esas medidas han sido que: ó ya no usamos esos servicios, ya no los queremos usar ni dejarles nuestra información, sumado con que no estamos de acuerdo con sus políticas de privacidad y uso de datos; además de curar nosotr@s mism@s el contenido que consumimos, aprovechar de otras maneras nuestro tiempo, alejarnos lo posible de las pantallas y de anuncios, intentar cultivar nuestras relaciones de otras formas que nosotr@s vemos mejor. Y en específico del software libre, para promover su uso que crea plataformas en las que además de ser gratis los servicios, no transgreden tu privacidad ni venden tus datos.

Sobre las redes

Primero borré snap*, la plataforma con la que llevaba menos tiempo de usar, pero me causaba más adicción. Seguido fue twitter* e instagram*, ambas plataformas las intenté usar para proyectos personales artísticos de alguna forma para darles movimiento, pero sí que no tengo en mí el chip de andar posteando. Y hasta hace unos días borré mi cuenta de Facebook*, la cual dejé al final porque me interesaba tener las fotos en las que se me había etiquetado y que yo no las tenías guardadas, justo por la costumbre de “te etiqueto en el Face y ya ‘la tienes'” y hasta lo empecé a considerar como otro disco duro… face palm jojo. Imagínense bajar, una por una, 9 años de fotos en las que te etiquetaron… me tomó varios días y horas nalga ju. Debo aceptar que cuando llegó el momento de borrar Facebook, fue la única plataforma que me causó ansiedad el presionar ese botón, a pesar de estar súper decidida. Otro posibilidad de que me haya costado trabajo borrar Fb es que ya era la “única” red que me quedaba. Sí son adictivas :/. Solo con Fb he tenido el impulso de querer checarlo por ‘ocio’ sobre todo en tiempos ‘muertos’ -tipo en el metro, en filas, en el baño jiji (aceptemos que tod@s lo hacemos)- ó para buscar a personas que necesito recordar su cara para saber quiénes son (¡ja! para chisme(?) más que algo que realmente aporte je), ó para procrastinar; pero realmente no lo he sufrido… será un proceso en lo que se quita el “tic”.

(*snap: no puedes bajar tu contenido, a menos que lo hayas guardado cada 24 horas o por medio de las memories; twitter: sí tiene la opción de bajar todo tu contenido; instagram: no tiene opción de bajar tu contenido, aunque con el iphone tener backup de esas fotos se hace solo si lo permites; facebook: sí tiene la opción de bajar todo tu perfil, a excepción de las fotos en las que se te etiquetó porque las fotos “no son tuyas”.)

En general, aunque no tengas cuenta puedes ver el contenido “público” que suben las personas (aunque no seas su amig@ o no se sigan, para quienes no lo sepan). Estoy segura de twitter y de instagram, y antes se podía en Fb, pero ahora que no tengo cuenta he visto que ya no se puede, jo. En snap, no hay forma porque solo es app. Por lo que puede que ponga a los que no están en redes sociales, como nosotr@s ahora, en aprietos. Lo digo porque esto de la comunicación, de compartir y poner al día a tus seres querid@s toma esfuerzo y tiempo. Es muy complicado combinarlo con todas nuestras otras responsabilidades, actividades, gustos, etc. Por lo que cuando preguntas algo y te contestan: “velo en tal red, que ahí lo publiqué/compartí”; es un “no lo voy a repetir solo para ti por el medio por el que estamos teniendo esta conversación”. No es por atacar. Me ha pasado sobretodo al escribir este blog, cuando llegan mensajes preguntando cómo estoy o cómo va todo acá, sí he pensado: “me tardé 6 horas o más en escribirlo y hasta me desvelé, se nota que no lo has leído aunque te lo compartí, no lo quiero repetir, necesito hacer otras cosas” (upsi). Por lo que lo entiendo perfectamente. No es orgullo, es darse cuenta que estar compartiendo en esas redes o escribiendo en un blog, toma tiempo y esfuerzo, más del que realmente tomamos en cuenta; entonces repetirlo es trabajo, porque es dejar de hacer otras cosas que quieres hacer por tener esta nueva conversación con alguien. Muchas veces es casi ponerse entre la espada y la pared, entre tener que escoger publicar/subir algo, ponerte al día con algún ser querid@ o leer el siguiente capítulo del libro que te tiene picad@, ¡ó hasta comer ó dormir! Pienso que por ahí vendrá nuestro más grande reto: el que las relaciones que queremos cultivar se quieran dar el tiempo de repetirse para compartir con nosotr@s, no por medio de sus redes.

Algun@s dirán que para eso se inventaron esas redes, para conectar y que estés al tanto, pero justo es otra de nuestras razones para salirnos. Debido a que esas empresas son tan macabras que ni siquiera están logrando ese cometido por poner sus algoritmos con “mejores” anuncios y poniéndote contenido que según te mantendrá “más tiempo en su plataforma”, pero que con que cometas el error(?) de ver un video de cachorros, es lo único que te pondrá en tu feed desde ese momento en adelante. También quisiera poner sobre la mesa la reflexión sobre ¿qué tan completo/representativo de una persona es lo que publica? Pienso que solemos enfocarnos en publicar lo positivo como cuando estamos felices, cuando nos gusta cómo nos vemos, cuando estamos haciendo algo padre, o estamos en un lugar padre… ¿y cuando no la estamos pasando padre? ahí es cuando realmente buscas a las personas cercanas, no esperas a que probablemente se enteren por si ven tu perfil. Entonces le quiero apuntar a tener relaciones en las que me compartan lo bueno y lo malo de una manera más completa y más cercana. Ya les iré contando las experiencias…

¡Ah! y otra razón para salirse de las redes, pero esa es mía nada más, es que me parece que vamos hacia un mundo lleno de pantallas o hasta un mundo completamente digital en el que no habrá escapatoria; entonces quisiera disfrutar lo más posible de un mundo sin eso, antes de que no haya otra opción.

 

Sobre los otros cambios

Pensé que dejar Google drive nos sería my difícil, se podría decir que todo lo hacíamos ahí, cosas personales y de ECCS. Sejo no lo puede dejar por varios temas con su escuela. Seguro así nos pasará con alguno que otro trabajo/proyecto en el que salga de nuestras manos esa decisión. Por lo que se tiene que mantener la cuenta en google, pero se usará solo en esas excepciones. Es como tener internet explorer solo para el SAT y poder pagar impuestos -.- . El que sí nos ha resultado casi imposible dejar de usar ha sido google maps. Sí que hace dos que tres cosas, ó muchas, más fácil… (en parte porque tod@s les hemos regalado nuestro información, pero bueno). Lo que suele ser incómodo en los mapas libres es que tienes que tener la dirección. Nada de poner NYU, Parque ‘X’, cafés cerca de mí; aunque si tiene la opción de escoger la ubicación, sin necesariamente tener la dirección exacta. Pero ¡ojo! solo dije incómodo, ¡no imposible!

También les seguiré contando de estas experiencias cuando hayan cambios qué reportar jeje

Como conclusión de lo que va vivido de la experiencia es que en general es dejar comodidad -de los servicios a los que ya nos acostumbramos, su practicidad (?) y por el tiempo que parece que te ahorran-. Al final es cuestión de valores (?). En lugar de querer mantener esa “comodidad”, nosotr@s estamos decidiendo proteger nuestra privacidad, nuestros datos e información, lo que vemos y cómo lo vemos; además de alguna forma apoyar a organizaciones que actúan con esos principios.


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Esta semana sucedió algo que llegó demasiado de sorpresa. Recordatorio de que todo puede cambiar en segundos. Y a pesar de que no fue algo “directo”, así lo sentí.
Falleció el papá de una de mis mejores amigas. En cuanto leí su mensaje con la noticia, sin siquiera pensarlo, la llamé. Tal vez bobo hacerlo así, porque en lugar de darle algunas palabras de aliento, estaba temblando y hasta lloramos poquito juntas por el teléfono. ¡Qué gran apoyo Melissa! :(
Otra vez no podemos apoyarnos en situaciones difíciles por estar cada una en lugares lejanos.
Escribo esto porque quiero desahogar la tristeza del hecho mismo que inspira estas líneas, además de la frustación y angustia que siento al no poder estar ahí.
Sí, por dinero. “El dinero va y viene”, no dejo de pensar; aunque la realidad en nuestro mundo capitalista, comprar un boleto de avión de un día a otro, sale de nuestro presupuesto. Además aceptaré que en mi mente estaban juicios posibles de otras personas cercanas, tipo: vienes por eso pero no veniste en Navidad, ni en mi cumpleaños, ni en mi graduación, ni en mi boda, ni cuando tienes vacaciones; ¿a ella sí la quieres, sí te interesa y a mí, yo no? ¿Para eso sí tienes dinero? No que eso me detuviera para endeudarme con la compra del boleto, pero me hace preguntarme: ¿cuáles son las prioridades? ¿las mías? ¿y las nuestras? y de cada persona que quiero, porque cada un@ de ell@s puede ver válido cualquier suceso… es más, hasta yo podría considerar (o considero) que la vida misma, todo lo que pasa en su vida diaria, es un suceso válido. ¿Es una de las razones por las que nos afecta cuando alguien se va a vivir lejos? ¿también cuando alguien querid@ muere? ¿Una muerte, un duelo de este tipo es más importante que todo lo demás? El punto es que siento que mi amiga me necesita.

En fin… decido ir pero cuando parece que lo difícil pasó pero no realmente, cuando cae más el 20 y se necesita más apoyo; así aparte de que se puede juntar el dinero para el boleto, da tiempo de planearlo mejor y tener la I-20 actualizada (otra de las trabas para no poder ir de emergencia).
“Don Dani” ;) lo recordaré con mucho cariño. Extrañaré sus bromas cada vez que visite su casa, donde siempre me recibió con los brazos abiertos; además de las veces que festejaría porque sus Packers le volvieron a ganar a ‘mis’ Vaqueros en los playoffs, je.
Un abrazo fuerte para Elsa, Elsa mamá, Edgar, Eric y toda la familia Ayala.

¿Y en dónde es esto posible? … En Nueva York ¡dónde más!


Varias
Sejo

 

20 de agosto, ya pasamos el 50 y nos pasamos al 51. El regreso a clases se acerca, ¿es regreso o es una nueva “ida”? Recuerdo que al empezar el año pasado no sabía (no se me ocurría, no parecía “decente” o “apropiado”) que simplemente podía decir “I go by Sejo” para indicar el nombre con el cual esperaba ser referido, no había que hacer (o sentir) tanto conflicto por comunicar el nombre. De hecho en estos rumbos sucede que, dependiendo del contexto, también se espera que las personas digan “su pronombre”, es decir si prefieren ser referidas con “he”, “she” o “they” (al principio me parecía raro porque yo lo conocía como pronombre plural, pero al parecer es válido usarlo como pronombre singular y de género neutro). En el mundo de la danza esto es más común, en NYU no me ha tocado. Lo padre de que exista dicha convención es que justo la idea es decirlo y ya, no hay necesidad de explicarse – en nuestra cultura mexicana (en general) veo perfectamente toda la “alharaca” hecha alrededor de alguien que se ve como “él” pero se refiere a sí misma como “ella”, o viceversa. Digo en general porque se trata de contextos. Aquí que haya términos como “queer”, “trans”, “non-binary gender” y que sean usados de forma común, da esperanza en la humanidad. De nuevo, aquí la ciudad es una burbuja progresiva, pero igual sienta las bases de lo que es posible.

Hace rato después de escribir el ensayo del día, estuve releyendo algunos de los anteriores (https://escenaconsejo.org/tag/ensayos/ ) y me di cuenta de un efecto curioso: el tema que según yo apenas estaba planteando por primera vez hoy, tuvo ecos (pre-ecos (?)) en escritos anteriores, y así con otros temas. Podría parecer que me estoy repitiendo (¿qué no al final todos nos repetimos? (de alguna forma esa es la base de la sociedad, ¿no? Se espera que hagas lo que se supone que haces)) pero me parece muy valioso cómo es que las ideas van tomando forma. También demuestra la importancia de la documentación, de inicio para uno mismo darse cuenta del proceso por el que va pasando y que uno no nota necesariamente en el día a día.

Ahora que digo “uno”, veo relevante la influencia de nuestro idioma en las nociones de género. Claramente no soy la primera persona que lo dice, pero vale la pena notar cómo “la regla” es usar el género masculino en plural incluso cuando haya personas del género femenino, hasta cuando todas menos uno lo sean. Si lo analizamos, hasta da risa, ¿no? Novecientas noventa y nueve mujeres, un hombre, y el pronombre a usar es “nosotros”, no “nosotras”, “no vaya a ser que el hombre se ofenda” (y muy probablemente se ofendería – estamos tan sumergidos en la cultura que sea como sea se siente ese “ruido”; yo no me ofendería pero sí identifico cómo “algo en mi interior” me querría decir que hay algo raro, que he de sentirme incómodo, que no sé cómo reaccionar…). Y lo más fuerte es que al revés no tenemos problema, y esto tiene reflejo en muchos otros aspectos de la sociedad: no está mal que una mujer sea incluida bajo un pronombre masculino, no está mal que use pantalones o que no se maquille… ¿qué pasa si lo volvemos a voltear y ponemos al hombre en la situación correspondiente e inversa? Por ahí hemos leído de lo “frágil de la masculinidad”.. (tan frágil que no puede usar recibir un pronombre femenino, tan frágil que no puede usar falda, tan frágil que no puede maquillarse, etc)

Ha sido importante darme cuenta del poder de “mi voz” a través del texto escrito, y me intriga cómo sería su poder al ser leído. Los “ensayos? musicales?” han traido esta estructura más “poética” que me permite ciertas libertades y forma de expresión que no tiene tanto sentido con una prosa convencional. Pero como he dicho en algunos de esos escritos, la idea no es forzarlo, “capitalizarlo” todavía. Dejemos fluir sin una meta clara en mente.

Como decía en el texto semanal pasado, estos días he estado escribiendo mucho código. Ya pronto lanzaremos el journal de Adjacent, y eso implica ajustar muchos detalles (o crear algunas nuevas cosas). Si bien entré como para hacer “cosas locas”, también me ha tocado hacer y aprender sobre “cosas serias”, específicamente aprendiendo cómo hacer una plantilla de WordPress. Me ha gustado bastante y he aprendido mucho (al parecer me quedé en una etapa de la web en la que no se podían hacer cosas que ahora son muy fáciles de hacer). Me da mucha emoción poder compartir el producto, tanto de la página como tal como de las “cosas locas” que hice (y el escrito al respecto que ya me felicitaron y editaron (¿la primera vez que soy editado?)). Como sea, sí veo que no me gustaría “dedicarme” a este tipo de cosas de programar páginas web. Tal vez fue parte de lo que me hizo preferir la danza durante la carrera… este asunto de estar sentado, obsesionado, escribiendo código, si bien puede ser emocionante y adictivo no me hace sentir demasiado bien a la larga. Lo bueno es saber que siempre estará ese u otros ámbitos a los cuales “defaultear” si las cosas no fueran muy bien. Es parte del privilegio que nos permite ser artistas, supongo (yo argumento que lo podemos ser llevándonos al extremo, pero supongo que esa “seguridad” de tener “ases bajo la manga” influye de alguna manera).

Por último, estamos preparando la lista de “letra de nuevas” para mantener al tanto a quienes lo han solicitado de alguna forma (de inicio “dándole like” a la página de Escenaconsejo en Facebook). Es curioso y desagradable que Mailchimp, la plataforma tan usada actualmente, es justo “gratis” porque hace que tus correos tengan trackers. En principio el beneficio es “para ti” porque puedes saber a qué links les dieron click y quiénes (los miembros de las listas van recibiendo un “rating” de qué tan “buenos suscriptores” son (?)). Pero lo no tan obvio es que esa misma información es para Mailchimp, por lo que van juntando información de todos los suscriptores de todas las listas, teniendo entonces la capacidad de hacer “perfiles”. En algún momento vi que una de las ventajas de tener un plan pagado de Mailchimp es que te ayudan “prediciendo el género y otras cuestiones demográficas de tus suscriptores”. ¿Cómo lo predicen? No es magia, de inicio correlacionando en qué listas de distribución se encuentran qué correos electrónicos. De nuevo supongo que eso pagamos o eso permitimos que pase por no querer pagar algún servicio. Retomaré el sistema que hice hace mucho tiempo ( http://bio.sejomagno.org/2009/06/19/102-mails/ ) para enviar correos, para aprovecharlo de nuevo… o veré qué alternativas libres existen. Paréntesis, qué viaje encontrar ese blog y cosas como esta http://bio.sejomagno.org/2013/10/19/por-que-el-profe-debe-amarme-por-dar-este-discurso-autorreferencial-para-anai/